Qué hacemos

Predicación - Espiritualidad - Teología

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Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo. Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie? y ¿cómo anunciarán si no los envían? (Rm 10, 13-15)

Predicar: Transmitir la alegría del Evangelio 

La finalidad de la Orden desde sus orígenes siempre fue la predicación del Evangelio de Jesús de Nazaret. Asimismo, la M. Teresa desde sus inicios, y habiendo bebido del torrente carismático dominicano, también quiso que la predicación de la Buena Noticia fuera el objetivo de la Congregación Santo Domingo. Ella lo focalizó en la educación de las niñas pretendiendo que el Evangelio impregnara todas sus dimensiones, por eso aludía a la formación del corazón, la mente y las manos.

A lo largo de la historia congregacional la predicación de la Buena Noticia con palabras y signos se ha ido diversificando en sus múltiples formas: educación, catequesis, grupos de formación de jóvenes o adultos, acompañamiento personal, terapia y sanidad, trabajo por la justicia, la paz y el cuidado de la creación, anuncio de la Palabra desde el estudio y la teología.

Su objetivo ha sido la “predicación de la gracia”, o lo que es lo mismo transmitir la alegría del evangelio puesto que ésta llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús (cf. EG 1), sabiendo que un bien así ha de comunicarse (cf. EG 9), hay que proclamarlo en las terrazas (Mt 10,27), no se puede esconder en nuestras casas, ni replegarlo hacia nuestras iglesias. Hemos sido llamadas a presentar la Buena Noticia del Evangelio como una respuesta entusiasmante a la búsqueda de sentido de los hermanos y hermanas con los que compartimos nuestra “Casa Común”, y una fuente que inspire el ir fraguando poco a poco la fraternidad de todos los seres humanos, signo del Reino por excelencia. Como dice el Papa Francisco: “Soñamos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos” (FT 8).

Hemos sido convocadas para ser predicadoras de la misericordia de Dios que ama al ser humano de forma incondicional, incluso en su propia vulnerabilidad, que le lleva en ocasiones a romper las relaciones con el mismo Dios y con los hermanos. Anunciar la misericordia a los hombres y mujeres de nuestro tiempo es abrirle un horizonte de esperanza, es darle una nueva oportunidad de vida, es re-nacer de nuevo.

Nuestra predicación como dominicas ha de tener tres características:

  • Predicación que brota del silencio y de la escucha de la Palabra

La predicación ha de brotar del silencio que nos permite encontrarnos con el Dios de la vida y con su Palabra que ilumina nuestra existencia y nos interpela en nuestro día a día. “Quien quiera predicar –dice el papa Francisco–, debe estar dispuesto a dejarse conmover por la Palabra y hacerla carne de su existencia concreta” (EG 150). Y añade, citando a Tomás de Aquino: «De esta manera, la predicación consistirá en esta actividad tan intensa y fecunda que es comunicar a otros lo que uno ha contemplado» (STh II-II, 188, 6.).

  • Predicación desde la coherencia de vida

Jesús quiere evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no sólo con palabras sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios. (EG 260). Por eso aquello que anunciamos ha de ser proclamado con la vida entera: “Si no vivo lo que canto, ¿para qué cantar?”, canta Brotes de Olivo.

  • Predicación que dé razón de nuestra esperanza (1 Pe 3,15)

La predicación ha de ofrecer contenidos. Es fácil calentar el corazón, pero no es tan fácil iluminar la mente. Nuestra predicación ha de responder a los problemas de nuestros hermanos y hermanas del siglo XXI, a sus interrogantes a las inquietudes y a sus búsquedas de sentido. Por ello es importante el estudio que nos permite una renovación de nuestro lenguaje y de nuestros esquemas para que se lleve a cabo el diálogo con la cultura.

 

Teología

En la tradición de la Orden, una de las formas privilegiadas de predicar la Buena Noticia, ha sido el anuncio de la Palabra desde el estudio y la teología. Santo Domingo desde los inicios de la Orden mandó a sus frailes a estudiar a fin de que pudieran dar respuestas sólidas y con fundamento a los interrogantes de los hombres y mujeres de su tiempo.

Decía Timothy Radcliffe, OP (ex-maestro general de la Orden), que el estudio dominicano es en sí mismo un acto de esperanza, puesto que expresa nuestra confianza en que nuestra vida y los sufrimientos de la gente tienen un significado. Y este significado es como un don, como una Palabra de esperanza que promete vida.

El estudio asiduo forma parte de la dimensión contemplativa de nuestra vida, nos invita al silencio, a escuchar y acoger la Palabra de Dios y a estar atentas a la realidad de nuestro mundo. Estudiar de forma reflexiva la Palabra, nos permite al igual que a María “guardar estas cosas y meditarlas en su corazón” (Lc 2,19). Este estudio nos permite penetrar en el verdadero sentido de la Palabra de Dios a la luz de la tradición viva de la Iglesia, acercarnos a los orígenes de nuestra fe, y profundizar en ella para realizar una armoniosa síntesis fe-razón, a fin de poder dar razón de nuestra esperanza a aquellos que nos la pidan (1 Pe 3,15), y proclamar la Palabra con un lenguaje accesible en nuestro tiempo y en nuestra cultura [LCOC 46 (C)].

Según San Anselmo, la teología es el itinerario de la fe que busca entender (Fides querens intelectum), que pretende hacer comprensible el misterio de la fe. Sabemos que la fe, aunque no es racional, es razonable porque pertenece a la esfera de lo humano, por ello hay que hacer un gran esfuerzo de búsqueda de las raíces y de fundamento de la fe desde la ciencia teológica. La fe necesita de la teología, es decir de una reflexión seria y bien elaborada, para que esta pueda ser asimilada, personalizada y madurada. Sólo así podrá transmitirse con calidad y creatividad.

Por ello las hermanas de la Congregación Santo Domingo hacemos una apuesta por predicar la Palabra desde el estudio y la teología. No podemos trasmitir una fe desposeída de contenido, puesto que hemos de responder a los interrogantes y búsquedas de aquellos con los que compartimos la existencia.