Fundadora

Teresa Titos Fundadora

¿QUIÉN FUE LA MADRE TERESA?

Sus orígenes

Teresa Titos Garzón nace en Granada, el día 4 de enero de 1852, en una familia de clase media, estable y profundamente religiosa. Sus padres, Fernando Titos Gómez e Isidora Garzón Moral, reciben con júbilo a Teresa, la menor de sus seis hijos, y le ofrecen para su adecuado crecimiento, junto al cariño y los necesarios bienes materiales, un ámbito propicio para su vivencia en la fe y la interiorización de valores humanos y cristianos.

Al día siguiente de su nacimiento recibe el Bautismo, con el nombre de Teresa Aquilina de la Santísima Trinidad, en la parroquia de Santa María Magdalena. Se abre a la vida manifestando muy pronto sus muchas cualidades humanas, su exquisita sensibilidad y su profunda religiosidad. Teresa era alegre, vivaracha, pero con una profunda inclinación a lo espiritual, manifestada incluso desde niña, nos dirán sus biógrafos.

Su opción de vida religiosa en el Beaterio de Santo Domingo

Impresionada gratamente por la vida del Beaterio de Santo Domingo, a los 18 años ingresa en el mismo como pensionista, y cursa brillantemente la carrera de magisterio. Su estancia en el Beaterio le propicia el afecto y encuentro con la vida de las beatas, inspirada en el carisma de Santo Domingo de Guzmán. Participa de la oración y el clima contemplativo en que se desenvuelve la vida de estas mujeres, tan propicio para la reflexión y el estudio.

Así va asimilando la riqueza de la espiritualidad dominicana, por la que de inmediato siente especial empatía, haciendo suyo el gran lema de la Orden de Predicadores, Contemplar y dar lo contemplado. Esta vida en el silencio, la oración y el estudio, gastada en el servicio educativo, seduce a la joven Teresa, que decide incorporarse formalmente a la comunidad, e ingresa como beata el día 4 de enero de 1871, haciendo su compromiso definitivo el día 16 de julio de 1872.

Teresa manifiesta, desde muy joven, ser una mujer con rica experiencia de interioridad, además de jovial, expresiva y cariñosa. Así lo confirman sus biógrafos: Teresa era de un genio alegre, vivo, con toda la gracia que en corazones bien nacidos derrama abundante el hermoso cielo andaluz.

De corazón noble, sencilla, alegre, generosa en dar y perdonar, siempre reflejaba estar animada de una profunda espiritualidad

Proyecto de vida

Entre los escritos de la Madre Teresa contamos con un proyecto personal de vida, expresado en propósitos, que ella misma se fija y que muestran la grandeza de su corazón y aspectos importantes de su espiritualidad. De ellos hace la siguiente síntesis: Procuraré obrar con arreglo a la máxima de que nuestra perfección consiste en hacer bien las obras ordinarias, las que procuraré hacer con mucha pureza de intención, con fervor, exactitud y perseverancia. Cuando hubo de afrontar la renovación espiritual del Beaterio, propone que en la vida de las beatas la santidad fuese una realidad cada día más cuidada. Decía: La obligación principal es atender a la perfección… ningún servicio prestado al prójimo puede dispensarles jamás de trabajar en la propia santificación,

¡qué locas somos, si no somos santas!

En su espiritualidad es interesante destacar su relación con Dios como Padre misericordioso y providente, su adoración a Jesús Eucaristía, ante quien pasaba largas horas de oración, su gran amor a la Virgen del Rosario, Madre y Señora de su Congregación y su especial veneración hacia Santo Domingo de Guzmán, a quien siente como padre y fundador.

Así se dirá de ella: Era toda nobleza, sinceridad, modestia y caridad... ¡Qué agradecida con sus favorecedores! ... ¡Qué maternal con sus alumnas!... Tenía lo que debe tener un legítimo hijo de Nuestro Padre Santo Domingo: veracidad en el pensamiento, en las palabras y en los sentimientos.

La Madre Teresa contempla con atención la realidad y abre a ella la mente y el corazón. Respondiendo a carencias básicas en su tiempo, apuesta por una educación de calidad, que alcance a todas las dimensiones de la persona. No obstante,  su grandeza de espíritu es tal, que esta dedicación a la enseñanza no distrae la compasión de su corazón de todo cuanto supone atender las necesidades de los pobres, al Señor que nos lo da todo, no se puede dejar con hambre acostumbraba a decir.

 

Muerte de la Madre Teresa

En enero de 1915, estando ya muy afectada por la enfermedad que padecía, el señor arzobispo de Granada, D. José Meseguer y Costa, le hace saber el reconocimiento oficial de la Congregación y su nombramiento como primera Priora General. Ella muere el 14 de febrero de ese mismo año, rodeada de sus religiosas y sentida por toda Granada, donde el pueblo la refiere como “la santa Madre”. Es sepultada en la capilla del colegio, donde ella ha pasado tantas horas de oración, y allí reposa y se sigue sintiendo su presencia, en la que es hoy Casa Madre de la Congregación. Entre sus hijas deja un gran vacío, cargado de sentido y esperanza, pues cuentan con la certeza de su entrada en la Vida, y con la experiencia de haber contemplado la muerte de una santa. Les queda abierto un proyecto de vida apasionante en el que la Madre Teresa ha puesto sólidos fundamentos. No obstante, cuando se dirigían a ella valorando su modo de actuar, con la humildad que le caracterizaba, solía responder:

No lo hice yo sola