Fundadora

¿Qué hizo?

En 1883, a los 31 años de edad, la Madre Teresa es nombrada rectora del Beaterio del Niño Jesús del Consuelo, cuando éste vive una situación generalizada de crisis, que clama por una profunda renovación de su vida y por una seria remodelación de sus instalaciones. Su acertada intervención y su espíritu emprendedor, encuentran en esta circunstancia una oportunidad de crecimiento, preparando a las beatas para insertarse en la vida religiosa institucional de la Iglesia, convirtiendo el Beaterio en Congregación, y transformando su escuela en Real Colegio de Santo Domingo. Las beatas, tras serios planteamientos de renovación interior, hacen profesión de pobreza, castidad y obediencia según las constituciones del beaterio de Vich en 1891 y el colegio, totalmente adaptado a las necesidades educativas de la época, se inaugura el 12 de octubre de 1905.

De Beaterio a Congregación

Para llevar a cabo esta ingente transformación, la Madre Teresa hubo de superar innumerables dificultades, que afronta con su infinita confianza en Dios, el bolsillo de Dios es muy grande y siempre está lleno, solía decir; y contando también con el apoyo incondicional de las hermanas. Mujer de corazón sensible y mirada profunda, marcada con los sentimientos de compasión y misericordia que caracterizaron a Santo Domingo, hace su propia lectura creyente de la realidad, dejándose interpelar por sus necesidades.

La carencia de Dios y de sentido, junto al vacío de formación y de cultura con los que crecen tantos niños y jóvenes tocan con fuerza su corazón, y los siente como llamada de Dios a ella y sus religiosas en ese momento y circunstancias concretas. La respuesta no tardará y la encuentra en su compromiso evangelizador a través de la educación cristiana. En función de ella pone a disposición todos los medios a su alcance, materiales y espirituales, personales e institucionales. En aras de una mayor calidad y orientando su labor hacia una formación integral, diseña su propia propuesta educativa, que expresa en el Reglamento Interior escrito para sus colegios. En él, con creatividad y gran intuición pedagógica, recoge los principios y criterios que han de dirigir toda la labor educativa del centro, cuyo objetivo prioritario será formar en las jóvenes una personalidad cristiana, llenando su corazón de ideales religiosos y valores morales.

Su primera obra se vuelca especialmente hacia la educación de la juventud femenina, y preferentemente a aquella que vive en mayor pobreza, pues constata que son muchas las presiones sociales y culturales que cierran a la mujer el acceso a ciertos niveles de formación y de cultura y, a su vez, insiste en que urge prepararla adecuadamente para que pueda llevar a cabo con dignidad, el gran papel que en la sociedad actual está llamada a desempeñar la mujer católica. Educando para la vida, atenderá con esmero el campo de los saberes, cuidará la adquisición de destrezas y habilidades para el trabajo manual, y siempre tendrá una esmerada dedicación para la educación en la fe.

Con la implantación del nuevo plan de enseñanza y su atención a la juventud femenina, este centro adquiere gran importancia, dentro y fuera de Granada, con lo que la Madre Teresa pronto comienza a recibir peticiones para abrir colegios en otras ciudades. El asunto requiere consideración y estudio entre las religiosas, así como la consulta a los dominicos, quienes, conociendo a la Madre Teresa, la alientan a propagar la Orden por todas partes. Metida en estas deliberaciones, con la espontaneidad que le es propia, exclamará: Se han propuesto ustedes hacerme fundadora y sin darme cuenta lo voy a ser. Así acometieron en 1907 la fundación del colegio Santo Rosario en Motril, Granada, y en 1912 la del colegio Madre de Dios en Baena, Córdoba.

Tras estas fundaciones la Madre Teresa siente la necesidad de seguir trabajando en la consolidación de la organización interna de las religiosas como Congregación Santo Domingo. Regidas por las constituciones del Beaterio de Vich, pensadas para el gobierno de una sola comunidad, quedan fuera de legislación muchos aspectos a tener en cuenta cuando las religiosas viven en varias comunidades. Solicita a la Santa Sede el poder adoptar para su Congregación las constituciones de las Dominicas de la Anunciata, delegando Roma esta facultad en el Arzobispo de Granada. En enero de 1915 D. José Meseguer y Costa, arzobispo de Granada, pone en conocimiento de la Madre Teresa el reconocimiento oficial de la Congregación Santo Domingo y su nombramiento como primera Priora General. Ella muere el 14 de febrero de ese mismo año. Aunque, de hecho, la congregación comienza en 1907, hemos de considerar el año 1915, como fecha en que, de derecho, inicia su andadura como tal.

Sin duda, la Madre Teresa puso gran interés en este reconocimiento oficial de la Congregación, pero no fue menor su empeño en la renovación interior de la vida de las beatas, con el firme propósito de vivir su consagración como alianza y compromiso. La Madre Teresa es una mujer de fe, Dios lo quiere, Dios lo dispone, respuesta habitual en ella, pone de manifiesto que vive en la presencia de Dios y habla desde la experiencia. Con su vida nos urge a mirar y ver el mundo con misericordia, recordándonos que la experiencia de la misericordia y de la bondad de Dios que tengamos, prepara nuestro corazón para ser misericordiosas y bondadosas con todos los hombres.