Experiencia de misión en DOCORDÓ, Colombia
sept. 28, 2026
/ Colombia / España
Hace dos meses que volvimos de la experiencia de misión que, a través de Mónica Marco, hermana de la Congregación Sto. Domingo, nos propusieron allá por el mes de febrero.
Al igual que el verano pasado, la misión empezó con la oración de envío que las hermanas nos hicieron en su casa de Madrid, y, con la posterior comida, que ya viene siendo una tradición, partimos hacia nuestro destino: Docordó, cabecera municipal del municipio de Litoral del San Juan, situado en el departamento del Chocó, Colombia.

La llegada fue tranquila, en Cali nos esperaba Mercy, la hermana de la Congregación que no sólo fue nuestra guía, sino también la que, poco a poco, y con mucho cariño nos fue mostrando la realidad de misión que tiene la Congregación en Docordó. Tras la llegada a la ciudad, partimos hacia Buenaventura, y de allí, tras el viaje en barco, Docordó.
La acogida y la convivencia con las hermanas (Mercy, Rubiela, Omaira y Matilde) fue un verdadero ejemplo de que todos, hermanas, jóvenes y laicos, formamos la Familia Dominicana. Desde aquí, darles las gracias, porque, durante esas tres semanas nos sentimos como en casa, y, eso, siendo tantos, no siempre es fácil.
Llegamos en las mejores fechas posibles, en las fiestas de la Virgen del Carmen, patrona del municipio. Pudimos “bundear” por las calles con la gente, y eso nos brindó la posibilidad de ver el municipio. Fue en ese momento cuando pudimos apreciar los grandes contrastes que había, ya que, pese a que el 90% de las casas eran de madera, algunas, muy pocas, estaban construidas con cemento y mostrando cierta ostentación, destacando sobre las demás.

Una vez finalizadas las fiestas, junto con el Padre Jaime, la hermana Mercy y la enfermera Jacqueline, fuimos a la comunidad de Pizarro, cabecera municipal de Bajo Baudó, situado en el departamento del Chocó. Para ir allí, cogimos la lancha de las hermanas, ya que el viaje de cuatro horas trascurría a lo largo del rio. Durante la travesía pudimos disfrutar de los esteros, un paisaje cautivador, que es ejemplo de la grandeza de la creación.
En Pizarro nos esperaba el Padre José David y las hermanas Vicentinas, que nos acogieron en su casa. Durante tres días, pudimos convivir con el grupo de jóvenes que acuden semanalmente tanto a la parroquia como al Convento.

A lo largo del fin de semana, se realizaron diferentes talleres. Con los chicos se trabajaron los estilos de comunicación, qué es ser un buen líder, y, en el ámbito de la salud, tratamos un tema muy importante: la sexualidad. Los chicos no sólo participaron, sino que se sintieron libres para plantear sus dudas y preocupaciones. Destacar que, para muchos de ellos el medioambiente y qué poder hacer con la basura, era importante. El rio Baudó no es sólo su medio de comunicación, sino que forma parte de su ADN. A los jóvenes les preocupaba ver cómo el plástico poco a poco va contaminando sus aguas, y, de las charlas consiguieron hacer propuestas muy interesantes para liderar cambios sobre este tema en su comunidad.
A la vuelta de Pizarro, nuestro próximo destino fue la comunidad de Isla Mono. Los jóvenes de esta comunidad, comparten una característica común: son “desplazados”. Esta condición significa que se han visto obligados a moverse de sus localidades de origen debido a las actividades de los grupos al margen de la ley.
Durante tres días pudimos trabajar con los alumnos del colegio, y, eso nos dio la oportunidad de estar tanto con niños como con jóvenes. Con ellos pudimos reflexionar sobre Derechos Humanos, ecología o el valor de la empatía. Destacar que, con los más mayores, se trabajó el tema de la vocación, ya que, están en un momento vital donde ya tienen que hacer una elección. En un contexto de conflicto, este tema es clave, ya que, es necesario darles la oportunidad de pensar en alternativas reales, qué se proyecten en su propio futuro, y analicen cómo quieren que este sea.
Con las mujeres de Docordó tuvimos un pequeño encuentro donde aprendimos a parar, trabajar nuestra autoestima y pusimos en valor todo el trabajo que las mujeres hacen, no solo en su comunidad, sino como motor de sus familias. Cabe destacar que la realidad de las mujeres está atravesada por situaciones de vulnerabilidad, por ello, crear espacios donde se sientan escuchadas y donde se trabaje el empoderamiento femenino es fundamental para poder cambiar sus realidades personales.
Nuestra experiencia terminó con la participación en el “Segundo Encuentro Vicarial Juvenil” cuyo lema este año era “Peregrinos de la paz”. Durante el fin de semana no sólo se trabajó cómo ellos pueden ser instrumentos de paz en su lugar de origen, sino que pudimos conocer las realidades que atraviesan estos jóvenes en sus comunidades de origen.

No puedo terminar el artículo sin dar las gracias a las hermanas de la Comunidad de Docordó. No sólo nos cuidaron, sino que, con mucho cuidado y mimo nos ayudasteis a comprender la realidad que atraviesa la localidad.
Nunca olvidaremos los testimonios que, en primera persona, y de forma muy generosa, las personas nos fueron contando. Todas esas experiencias nos han ayudado a entender el por qué las personas deciden abandonarlo todo y saltar al vacío, muchas veces jugándose la propia vida, buscando un futuro en paz.
En la mochila de vuelta nos llevamos sonrisas, lágrimas, confidencias, reflexiones, amistades nuevas, muchos atardeceres compartidos…y, en el caos de los ritmos frenéticos, la mente vuelve al rio, volvemos a los estéreos, conectamos con la creación. Volvemos a Dios.
Ángela I. Burguet Marimón
Laica dominica.